Historia del taller
Lo que empezó como una libreta de bocetos y una cámara prestada se convirtió en un pequeño estudio de ilustración y diseño editorial. Esta es la cronología de los pasos que di, las dudas que tuve y las decisiones que definieron mi forma de trabajar.
2019 · El primer encargo
Una amiga me pidió un dibujo de su perro para regalárselo a su madre. Acepté sin cobrar, solo para probar. El primer intento fue un desastre: el hocico parecía de otro animal. Lo repetí tres veces hasta que entendí que no se trataba de perfección, sino de captar la mirada. Esa lección sobre soltar el control sigue guiando cada pieza que hago hoy.
2021 · El cambio de medio
Durante un invierno gris, empecé a fotografiar objetos de la cocina con luz natural. Sin cliente ni propósito comercial, solo quería entender por qué algunas fotos transmiten calma. Esa serie de bodegones cambió mi manera de mirar: ahora la luz es lo primero que busco en cualquier proyecto, sea un retrato o una maquetación.
2023 · El proyecto que lo unió todo
Quise documentar el oficio de mi abuelo, zapatero remendón, y terminé aprendiendo encuadernación a base de errores. Esa revista de 48 páginas concentra todo lo que me gusta: escribir, dibujar, fotografiar y trabajar con las manos. Fue el momento en que entendí que mi actividad secundaria no era un pasatiempo, sino una forma de pensar.
Materiales
Pasé de acrílicos baratos a tinta china y papel de algodón. No fue por capricho: la tinta me obligó a ser más decidido y a aceptar que cada trazo cuenta.
Encargos
Aprendí a decir que no a trabajos que no me entusiasmaban. Un encargo solo tiene sentido si puedo aportar algo personal, no solo ejecutar una idea.
Ritmo
Dejé de publicar por obligación. Ahora comparto solo cuando el proceso me ha enseñado algo, aunque eso signifique estar semanas sin actualizar.
Quiénes trabajan aquí
No hay un equipo grande detrás de este portafolio. Hay una persona que dibuja, fotografía, maqueta y encuaderna, y que aprende de cada error. Estas son las manos que aparecen en las fotos y la cabeza que escribe las notas del proceso.
El oficio base
Más de diez años dibujando retratos por encargo y por gusto. La tinta es el material que más respeto: no admite borrador, obliga a decidir. Aquí documenté desde estudios en grafito hasta la pasada final que define una mirada.
Herramientas: pinceles, plumillas, papel de algodón
Luz natural y paciencia
Sin estudio montado ni flashes potentes. La cámara es una réflex vieja y el set es la mesa de la cocina o la ventana del taller. La serie de bodegones nació de esperar la luz de las cinco de la tarde durante semanas.
Equipo: cámara manual, trípode, objetos cotidianos
El oficio aprendido a golpes
La revista autoeditada sobre oficios olvidados fue mi escuela de maquetación. Aprendí a encuadernar probando, deshaciendo y volviendo a coser. Cada ejemplar tiene imperfecciones que cuentan su propia historia.
Proceso: maquetación, impresión casera, cosido manual
12 años
dibujando por encargo, con archivos de cada proceso y errores anotados al margen.
48 páginas
autoeditadas y encuadernadas a mano para la revista de oficios, con tres versiones descartadas antes de la final.
1 taller
que no es un local bonito, sino una mesa con manchas de tinta y una ventana que da la luz justa.
Sobre este espacio
Esto no es una agencia ni un estudio con horarios. Es un rincón de trabajo personal donde la ilustración, el diseño y la fotografía se practican de forma lenta, con materiales reales y errores a la vista. Cada pieza que aparece aquí tiene una historia de proceso: qué se intentó, qué falló y cómo se resolvió.
Personas que buscan una ilustración personalizada para un regalo, un retrato con carácter o una pieza editorial hecha a mano. También curiosos que quieren entender cómo se construye un proyecto paralelo desde cero, con sus dudas y aciertos.
La textura del papel, el olor de la tinta, la luz de la tarde sobre un objeto cotidiano. Me interesa más el proceso que el resultado perfecto. Por eso aquí encontrarás descripciones honestas de las dificultades técnicas y las soluciones que fui encontrando.
Sin promesas vacías ni lenguaje de manual. Si un encargo no es para mí, lo digo claro. Si un proyecto se atascó, lo cuento tal cual. Prefiero explicar el trabajo real detrás de cada pieza a vender una imagen pulida que no se sostiene.
Este espacio nació como una libreta donde anotar ideas, pegar recortes y probar técnicas sin presión. Con el tiempo se convirtió en un archivo de proyectos personales: retratos en tinta, bodegones con luz natural, una revista autoeditada sobre oficios olvidados. Cada entrada documenta el proceso creativo, los materiales que usé y los errores que cometí.
No busco competir con estudios grandes ni producir en serie. Lo que ofrezco es una forma de trabajar cercana, donde el encargo se conversa, se entiende y se hace a mano. Si tienes una idea para una ilustración o una pieza editorial, puedes escribirme y hablamos sin compromiso.
Lo que no hago
Si llegaste hasta aquí, probablemente valoras el trabajo bien hecho y con historia. Este espacio es justamente eso: un registro de lo que hago, cómo lo hago y por qué lo hago. No hay atajos ni fórmulas mágicas, solo oficio, paciencia y ganas de seguir aprendiendo.
Principios de taller
Mi Actividad Secundaria nació de una necesidad concreta: tener un lugar donde mostrar los proyectos que hago fuera de mi trabajo principal. No es un escaparate pulido ni una galería de piezas perfectas. Es un registro honesto del proceso —los bocetos fallidos, las pruebas de tinta, las fotografías que no salieron bien y las soluciones que encontré sobre la marcha.
Cada entrada de este portafolio documenta los materiales que usé, las dificultades técnicas que enfrenté y las decisiones que tomé para resolverlas. Creo que el valor no está solo en la pieza final, sino en entender cómo se llegó a ella. Por eso comparto tanto los errores como los aciertos, porque de los primeros se aprende más.
Muestro los estudios previos, las pruebas de materiales y las correcciones. El resultado final importa, pero el camino hasta él es lo que realmente define el trabajo.
Tinta china, papel de algodón, luz natural, hilo de encuadernar. Prefiero trabajar con elementos que tienen textura y que responden de forma imprevisible.
Si quieres una ilustración personalizada, el primer paso es hablar de tu idea. Me interesa saber para quién es, qué contexto tiene y qué esperas sentir al verla.
Si estás pensando en desarrollar tu propio proyecto paralelo, aquí encontrarás ejemplos de cómo enfrentarse a una página en blanco, a una fotografía que no funciona o a una maquetación que se resiste.
Cada pieza publicada muestra un nivel de detalle y una forma de trabajar. Si algo te conecta con una de ellas, escríbeme y conversamos sobre cómo adaptarlo a tu propia idea.
Que este espacio sirva como inspiración práctica, no como vitrina inalcanzable. Que quien lo visite entienda que el trabajo artesanal es lento, imperfecto y profundamente gratificante.